El jueves 7 de agosto, los nueve ocupantes de la furgoneta de Parteluz salimos temprano dirección norte para preparar una ruta que queremos incorporar al Viaje del héroe, un proyecto novedoso para el próximo curso.
Atravesamos el puerto de Busto de Bureba y por el valle que parte en dos los Montes Obarenes, subimos a Cubilla del Monte, un pueblecito mínimo donde acaba la carretera comarcal (más allá solo hay peñas).
Al este del pueblo, por una especie de contrafuerte natural, iniciamos nuestra ascensión por una senda con poca pendiente que va a salir a la cuerda entre el pico Humión (el más elevado) y el pico Flor (el hermano menor). Nosotros nos dirigimos hacia el primero, la cota más alta de los Montes Obarenes.

Al norte vemos el valle de Tobalina, la cola del embalse de Sobrón, la sierra de Arcena (entre Burgos y Álava) y la cadena de montes del norte de Burgos. Al sur, las estribaciones meridionales de la sierra y detrás, entre la calima veraniega, la Bureba.
Por esas alturas nos encontramos con una manada de caballos que viven en libertad. Seguramente son caballos losinos, una especie autóctona que sirvió de montura a los castellanos de estas tierras en tiempos de la Reconquista.


Al llegar a la cumbre del pico Humión
Al llegar a la cumbre, la vista se amplía pues es desde más altura y además vemos hacia el oeste las tierras de Frías y la antigua central nuclear de Santa María de Garoña. Bajo una gran cruz con muchas placas que recuerdan a montañeros contemplamos la belleza de las Merindades burgalesas: montes con crestas orgullosas y desfiladeros, praderíos, bosques, arroyos, campos de mieses recién segadas alternándose con campos del intenso verde y amarillo de los girasoles… Un deleite para los ojos acompañado de una suave brisa que corre por la cumbre.



Almorzamos con ganas, pero sin entretenernos mucho pues el sol empieza a calentar en serio y la temperatura irá ascendiendo. Iniciamos el descenso por unas peñas muy aéreas, ideales para sacar fotos bonitas. De allí pasamos a un hayedo por una senda empinada que favorece alguna culada que da pie a bromas y risas entre todos. Como es propio del hayedo, se palpa un frescor que agradecemos.


Por un camino ancho terminamos llegando a Cubilla, donde nos esperan unos buenos tragos de agua fresca antes de montar a la furgoneta camino del valle que ha excavado el río Oca. Pero nos dirigimos, no al río, sino a las piscinas de Oña para refrescarnos y pasar las cálidas horas del mediodía y principio de la tarde. Colocamos nuestras toallas a la sombra de un hermoso ciruelo japonés y nos damos un baño antes de comer.

Compartir lo recibido
Después, comida, descanso y más baño. Algunos, también, charla más personal en las mesas de la cafetería. Cuando empiezan a abarrotarse las dos piscinas, nos bajamos al parquecillo junto al Oca para comentar lo que nos ha parecido el día y programar un poquito mirando hacia adelante. También hablamos de la experiencia de compartir lo que hemos recibido. De alguna forma, todos somos deudores y todos podemos compartir algo de lo que tenemos y que no tienen otros.
Después, carretera camino a Burgos. Alegría grande en el corazón y canciones en la furgoneta. Un bonito día de naturaleza, conocimiento de las tierras burgalesas y amistad.