Por fin; este Belén de las Nieves ha sido con nieve. Salimos de Burgos lloviendo. La verdad es que el día no animaba mucho y, menos todavía, habiendo sido precedido de varios días de lluvia fría, la típica del invierno. Quizás por eso solo salimos dispuestos a caminar siete valientes.
Cuando llegamos al puerto de la Mazorra, comienzo de nuestra ruta, seguía lloviendo, además agua-nieve. Esperamos una media hora dentro de la furgoneta para ver si escampaba. Aprovechamos para ensayar los villancicos que íbamos a cantar. Aunque no llegábamos al nivel de los Niños Cantores de Viena, dejó de llover.
Iniciamos el camino y fueron apareciendo manchas de nieve reciente sobre los árboles y la vegetación rastrera. Poco a poco nos fuimos metiendo en una niebla un tanto amenazante pues la humedad fría invitaba a volverse. Ya dentro de la niebla (seguimos un camino que no tenía pérdida) empezó a caer nieve en forma de polvo helado. Apretamos el paso, ya pisando nieve, hasta llegar a la roca exenta que en la ladera que mira al Ebro (aunque en esta situación no se veía nada). En una grieta a la altura de los ojos colocamos el sencillo belén con figuras tiernas de estética andina.


Villancicos bajo la nieve
Tras unas breves palabras de motivación (el Niño de Belén aviva la esperanza de construir un mundo mejor) cantamos cuatro o cinco villancicos. Cuando las hojas se fueron humedeciendo con la nieve y nuestros pies empezaron a pedir un poquito de calor, iniciamos la bajada. En la niebla densa con polvo de nieve no tenía sentido pararse a almorzar.
Bajamos sin parar hasta la furgoneta. A pesar del frío, las conversaciones se fueron animando a medida que entrábamos en calor por la marcha rápida. Dentro de la furgoneta compartimos almuerzos y nos resguardamos del aire húmedo, ya sin niebla, que nos rodeaba. Sandwiches, Huesitos, frutos secos diversos, gominolas, diversos fiambres y dulces nos ayudaron a entrar en calor y nos entretuvieron un rato en el estrecho espacio de la furgoneta. Después, arrancamos e iniciamos el descenso del puerto de la Mazorra. Al fondo, en el hermoso valle de Valdivielso, las nubes empezaban a dejar claros y permitir al sol enfocarse en algunos de los pueblecitos.


Las clarisas de Medina de Pomar
En Medina de Pomar, las hermanas clarisas nos dejaron una sala calentita para comer. Allí se nos unieron algunos papás jóvenes con sus niños pequeños y una joven pareja sevillana que estaba pasando unos días con uno de los matrimonios y que estaba conociendo el arte y experimentando el frío del norte. Tras los dulces del postre y el café pasamos a saludar a las hermanas. El cielo estaba despejado con un intenso azul y un aire frío característico de los días del invierno.
Como siempre nos recibieron cantando villancicos tradicionales y modernos, algunos ciertamente artísticos. Charlamos un poco de todo, sobre todo contando la nieve (y el frío) de nuestro belén y algunas de las experiencias de los últimos meses. Antes de que se hiciese de noche iniciamos la vuelta pues queríamos pasar el páramo antes de que volviese la niebla.
Al llegar a Burgos, Lucía, recogiendo el sentir general, comentó: ha sido un día bonito. A pesar de la niebla y el frío, fue un día bonito de amistad y de Navidad. Volveremos el próximo año.

