Saltar al contenido

Así de bien lo pasamos en Lourdes

Con un montón de ganas partimos de Burgos tempranito el viernes 3 de julio camino del Pirineo de Huesca. Empezábamos una ruta-peregrinación que prometía momentos inolvidables. Como todos los veranos, pero este año con el matiz propio de los inmensos paisajes de los Pirineos españoles y franceses.

Tras un descanso en Liédena (Navarra) para estirar las piernas, almorzar y lo que se hace en estos casos, seguimos hasta el camping de Viu. El microbús se volvió y nos dejó en un pequeño y familiar camping. Allí, comida, descanso y, antes de plantear lo que iban a ser esos días, bajamos al río Sorrosal en el pueblecito de Fragén, un río encajonado entre paredes de roca en el que se alternan pozas y cascadas de recoleta belleza. Nos refrescamos del calor del viaje, del montaje de las tiendas, de la siesta y disfrutamos en las pozas de tan peculiar paraje.

Después, desandamos el camino hasta el camping y comentamos lo que íbamos a hacer esos días y con qué estilo lo queríamos vivir. También, los temas de dinámicas y reuniones en torno al descubrimiento de la identidad como reto de la adolescencia. Con la cena y la velada cerramos el día. La primera noche en tienda nos coge desentrenados y no suele ser la mejor para descansar.

La primera marcha: calentando motores

El sábado 4 de julio hicimos nuestra primera marcha; una cortita hasta el camping de Oto para irnos preparando progresivamente. Veníamos de las fiestas de Burgos y de los exámenes de fin de curso, que no es la mejor preparación física. En el camping nos encontramos con un día caluroso que iba a ser la tónica dominante de todo el camino a Lourdes. Pero aquí disponíamos de una hermosa piscina para refrescarnos.

El domingo 5 encaminamos nuestros pasos hacia Torla, en la entrada a Ordesa. Antes de llegar a Broto, aparecieron en el horizonte los inmensos paredones del Mondarruego. Al llegar al pueblo nos separamos del camino para llegar a la impresionante cascada del Sorrosal, el río en el que nos habíamos bañado dos días antes.

Ya en Torla, cruzamos las bravías aguas del río Ara para llegar a un camping que es casi un viejo amigo con el que hemos compartido días memorables. Las reflexiones de la mañana de esos días iban a tener dos líneas temáticas: atender a los sentidos para disfrutar de los bellísimos paisajes de montaña e irnos familiarizando con lo que sucedió en Lourdes y lo que es en la actualidad.

El lunes temprano tomamos el autobús que sube a la pradera de Ordesa y por la empinada senda de los pescadores llegamos al mirador de Calcilarruego con unas vistas impresionantes sobre todo el valle y la cascada de Cotatuero enfrente. Tras un breve descanso, iniciamos la senda hacia la famosa Cola de caballo, la cascada que cierra el valle antes de ascender a alta montaña. Las vistas eran impresionantes, tanto las que teníamos delante (los neveros del Monte Perdido) como las que dejábamos a nuestra espalda (el valle de Otal) y, de vez en cuando, nos parábamos contemplar.

Magníficos paisajes en Ordesa

En la Cola de caballo nos paramos a descansar un poco con los pies en el agua, pero no estuvimos mucho porque era mediodía y el sol caía a fuego en una zona en la que no hay ni una sombra. Iniciamos el camino que baja hacia la parada del autobús buscando alguna sobra densa para comer y descansar un poco. A pesar de las urgencias del apetito ya rugiendo en nuestras tripas, disfrutamos de las Gradas de Soaso, una serie de pequeñas cascadas que hace el río Araza en su camino hacia el hermano mayor, el río Ara.

En una densa sombra de hayas de gran envergadura nos paramos a comer los dos bocadillos que nos habían preparado los padres. Un momento de reposo y seguimos descendiendo a la derecha del río. Los más motivados bajaron a ver las hermosas Cascada del estrecho y Cascada del abanico. Los demás, tenían de sobra con seguir descendiendo hasta la pradera para bajar a Torla en el autobús. Llegamos cansados. Habíamos hecho más de 22 kilómetros y habíamos superado un desnivel ascendiendo y descendiendo de algo más de 600 metros. Pero los paisajes habían merecido la pena. Ordesa es una inmensidad que impresiona por sus proporciones y su belleza.

El martes 7 fue poco más que un paseo. Acompañando al río Ara ascendimos primero hasta el Puente de los Navarros, donde recibe el caudal del Arazas, el de las cascadas de ayer, y después por el desfiladero que sube hasta la gran pradera de Bujaruelo. Como no todo van a ser facilidades, en algún momento perdimos la senda y tuvimos que descalzarnos para pasar el río y llegar al camping. Por la tarde en la reunión seguimos trabajando el tema de la maduración en la adolescencia para escoger bien en la juventud.

La etapa reina: frontera francesa y Gavarnie

El miércoles 8 iniciamos la etapa reina, subir hasta el puerto de Bujaruelo, un desnivel de mil metros y frontera con Francia, y descender otros mil metros hasta el precioso pueblo de Gavarnie. En la parte española encontramos un nevero de esos que se esconden del sol para aguantar hasta las nieves del siguiente invierno. A pesar de la altura, la temperatura era muy agradable.

Al llegar a la mitad del descenso nos tuvimos que parar para hacer la foto de rigor pues le paisaje lo merece. Teníamos a nuestra derecha el impresionante circo glaciar de Gavarnie coronado por tresmiles y enormes glaciales. Y lo más impresionante todavía: la gran cascada, con algo más de cuatrocientos metros de caída. En el circo se podían contar otras seis cascadas, aunque “solo de algo más de cien metros”.

El día amenazaba tormenta y no pudimos entretenernos mucho. Había que llegar al camping y montar las tiendas por lo que pudiera pasar. A primera hora de la tarde llovió, pero solo de forma testimonial. Otros años hemos conocido grandes tormentas cuyos truenos retumban en el circo glaciar y asustan a los menos experimentados en montaña.

Coincidimos con el Tour de Francia

El jueves 9, el Tour de Francia llegaba a Gavarnie. Por ello no dejaban ni entrar ni salir por la carretera que acaba en este pueblecito. Nosotros aprovechamos para acercarnos a la gran cascada. Primero un camino, luego una senda montañera de piedras de todos los tamaños y formas. A algunos les costó mucho llegar hasta el “punto de foto” porque los últimos cien metros eran muy empinados y las piedrecillas mojadas resbalaban.

El viernes 10, caminamos río abajo hasta Luz Saint Saveur, un precioso pueblo en la explanada que forma el encuentro de varios ríos, entre ellos el que nace en la gran cascada y pasa por delante de la Gruta de Lourdes. Durante buena parte de la ruta veíamos en las curvas de los caminos el impresionante circo de Gavarnie del que nos íbamos alejando y buscábamos con la vista los glaciares y la impresionante línea blanca de la gran cascada.

Despedidas a medio camino

Por la tarde se despidieron de nosotros Boni, Mario y Andy que, por distintas razones, tenían que volver a Burgos. Nos dio pena a todos la separación y el no compartir la llegada a Lourdes.

El sábado 11, el río que acompañábamos se metía en un estrecho desfiladero sin más espacio que para la carretera. Nosotros, siguiendo la senda que conducía al siguiente camping fuimos tomando altura a veces por pueblecitos de los que uno se enamora como Viscos, a veces por sendas intensamente sombreadas por las hayas, a veces por pedreras incómodas y al sol.

Al final, la senda bajaba de forma abrupta a Soulom por sendas estrechas y tapizadas de hojas secas. Algunas compañeras pasaron un poco de miedo, sobre todo cuando llegamos a un desmonte que algunos árboles habían hecho al caer llevándose por delante la senda. Había que bajar agarrándose a unas maromas que habían colocado de forma provisional. Este incidente nos retrasó bastante la bajada y la llegada al siguiente camping fue bajo un sol de justicia. El grupo dio muestras de su fortaleza silenciando las lamentaciones en un ardiente mediodía.

Todos los males se acabaron al ver la piscina con altos toboganes circulares y chorros de agua con efervescentes burbujas. En la reunión de la tarde, se planteó la posibilidad de un grupo universitario con actividades propias durante el curso y en el verano de 2027. Sin olvidar el apoyo a los adolescentes de Parteluz.

La llegada a Lourdes

El domingo 12, por fin, llegamos a Lourdes. Siguiendo una cómoda vía verde, por el centro de un valle flanqueado por hermosas colinas tapizadas de bosques y acompañados por el río que parte en dos la ciudad de Lourdes, llegamos a la gruta santa. Entre un montón de gente de todo pueblo y nación, cantamos nuestra canción de las noches y nos dirigimos a la Ciudad de los Jóvenes. En un día especialmente caluroso nos esperaba una refrescante ducha y la comida.

Esa tarde, los que lo desearon acudieron a la misa en español del Santuario (¡qué homilía dedicada a los jóvenes del sacerdote que presidía!) y después nos unimos al impresionante rosario de antorchas nocturno.

El lunes 13, para nuestro alivio, refrescó la temperatura. Por la mañana, un francés que hablaba perfectamente español nos proporcionó una visita ilustrada de Lourdes y de las apariciones que la hicieron famosa. Después, en uno de los tranquilos parques de la Ciudad de los Jóvenes nos dedicamos a entrar en el corazón. Tuvimos un breve Oasis para clarificar quiénes somos, lo que llevamos dentro y ser verdaderos protagonistas de nuestra vida.

La tarde fue de libre disposición para comprar recuerdos, pasear por los parques en torno a la Gruta, hablar con jóvenes de otros países… Y ya en la noche, disfrutamos de la cena especial del último día y de la fiestecilla que siguió. Por cierto, algunos jóvenes de otros países se unieron para bailar con nosotros.

La jornada de regreso

El martes 14, con harta pena, vuelta para casa. Paramos en Fuenterrabía para bañarnos y comer (¡qué lío para aparcar el remolque!) y en el parque de Pancorbo para tener el cambio de impresiones. Como siempre, todo el mundo encantado, con pena de terminar y con ganas de hacer actividades en el verano. Pero sin ganas de merendar para llegar a ver el partido de España contra Francia. 2-0 que les colamos. ¿Cómo habría sido disfrutar la victoria en Francia?

Al día siguiente, como manda el rito y la educación, a fregar, recoger y colocar todo. Y a llevar el remolque a Sasamón donde amablemente nos lo guardan bajo techo unos amigos. Ya tenemos ganas de que llegue el siguiente verano. ¿Hacia donde se dirigirán nuestros pasos?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.